- Veintidós otoños-, se decía, mientras el viento le obligaba a entrecerrar los ojos. Apartaba las hojas con los pies mientras andaba por la calle casi desierta. No tenía prisa, aunque todo a su alrededor se moviese vertiginosamente: las personas, las ideas, los sentimientos. El mundo daba vueltas y más vueltas, y hubo un tiempo en que ella parecía ser la unica en marearse. Pero ya no era más una marioneta bailando al compás de la rutina. Ya no.
Había aprendido a escuchar el susurro del destino, a comprender más allá de lo que estaba escrito. Sin saber cómo, era capaz de leer historias en ojos ajenos y se seguir la melodía de las nuevas estrellas. Ya nada le parecía superfluo o aburrido: ahora todo recobraba el sentido que había ido perdiendo con el paso del tiempo.
Sabía el porqué de las noches en mundos paralelos, de los vacíos ininterrumpidos, de las amargas perlas de la soledad. Todos los recuerdos que hace no mucho se agolpaban en su mente en cuanto sus ojos se cerraban, habían desaparecido. Sin dejar rastro.
Al principio no fue capaz de percibir el cambio. Los días pasaban, uno tras otro, y todo parecía igual. La tiranía de la rutina, el aburrimiento de la estabilidad impuesta. Pero poco a poco, sin avisar, la irreal realidad se convirtió en una irrealidad real. Todo aquello que había sustentado su mundo de papel comenzó a desvanecerse y quebrarse en mil pedazos. Se plantó ante aquella puerta que la separaba de sus sueños, y la cruzó sin mirar atrás.
Y desde entonces ahí está. En un lugar donde nada es imposible, donde cada día puede contemplar mil y un atardeceres y donde las sonrisas no son de usar y tirar. Ignora que será de todo eso en un tiempo, si acabará también por perderse en las agujas inexorables del minutero o en cambio saldrá a flote de entre los pasados naufragios de su memoria. Pero no le importa, ni lo más mínimo. Porque ahora puede tocar la felicidad con la punta de los dedos.
- Veintidòs otoños-, se decía, mientras el viento le obligaba a entrecerrar los ojos.
Winter is coming, y’all.
(Source: whatihavenotgot)
- ¿Si?
- ¡Hola, oiga! ¿Es aquí donde se interpretan los sueños?
- Sí, es aquí. Dígame, qué ha soñado ud.
- Pues mire, no tengo mucho tiempo antes de que se me olvide por completo, ya sabe lo frágil que es la materia de la que están hechos los sueños, y lo rápido que comenzamos a olvidarlos una vez despertamos, pero he soñado.. he soñado algo muy raro: Iba por la calle y veía sonrisas, sonrisas por todas partes, sonrisas en caras de ancianos, de niños, adultos y jóvenes. Pero sonrisas de verdad, de esas que te iluminan el alma y no piden nada a cambio, de las que basta un solo momento para sentirte reconfortado y alegre.
- Entiendo.. siga.
- También sentía la lluvia, pero una no lluvia cualquiera sino una que mojaba a todos por igual y que ninguno se sentía obligado a correr bajo ella. La gente realmente disfrutaba con ella como el niño que ve llover por primera vez, y se queda ensimismado mirando al cielo, preguntándose e intentando ver más alla de esas nubes grises y vacías. Ellos sentían llover, pero nadie parecía darse cuenta.
- Ajá, y… ¿algo más?
- Sí si, yo sentía una sensación que no sabría como diescribírsela ahora mismo..
- Intente, intente.
- Mire, me sentía contento, sin tener nada ni nadie a mi alrededor. Era una sensacion de paz y felicidad que nunca antes he sentido, tan solo en mi sueño. Podía saltar, correr, reír a pleno pulmón o llorar cuando quisiera, que nada enturbiaba mi estado de ánimo. Una parte de mí estaba hecha por todas esas personas con las que compartía sonrisas, palabras y lágrimas. Pero nadie estaba triste, ¡todo lo contrario! Era algo raro, lo sé, pero era como si todo el mundo sintiese de la misma forma que yo. ¿Sabe qué he soñado? ¿Qué me pasa?
- Si si, no se preocupe. No es algo común y menos a estas alturas de la vida, pero sí..
- ¿Y qué es? Dígamelo, por favor.
- Ud ha soñado que era feliz, simple y llanamente feliz.
- ¿Feliz?
- Cada uno posee una idea diferente de felicidad. Para unos, consiste en la acumulación sin sentido de objetos materiales. Para otros, el persistente y caótico ir y venir de personas. Y para ud.. Ud posee la visión de felicidad por antanomasia: felicidad con felicidad ajena, sonrisas y miradas atentas buscando otro horizonte. Ahora sí, intente no olvidar esa sensación nunca, porque estará toda su vida intentando alcanzarla. Muy pocos consiguen llegar a ella de una forma ‘natural’, e incluso menos a través de los sueños. Busque, reflexione, experimente, trate de recoger todas esas cosas que en su vida diaria le recuerden un poco a ese sueño y poco a poco, vaya tejiendo su red de felicidad, para que así un día..
- ¿Si?
- Para que así un día, cuando pueda mirar a la vida a la cara, con la experiencia a un lado y la felicidad a la otra, sienta que ya puede morir tranquilo, que ya consiguió saber y experimentar porqué y para qué ud se encuentra en este mundo. Y se sienta mucho más que feliz.